ActualidadDeporte

UN CLUB PARA DAR VIDA A UN PUEBLO

Lo que comenzó siendo jugar torneos con amigos por mero disfrute se convirtió en representar a un pueblo dentro de un campo de fútbol sala. Recuerdo la primera vez que escuché que alguien había tenido la idea de federar el equipo en Titaguas… Pensé: es un pueblo muy pequeño, va a ser muy difícil… pero sería increíblemente emocionante.


Y cuando esta idea proviene de una persona a la que ni siquiera le gusta el fútbol, y su principal intención es darle vida al pueblo y contribuir a crear comunidad, la parte emocional aflora mucho más, y el sentimiento de pertenencia te obliga a afrontarlo como un objetivo para la gente, y no solo para ti.
Un año tuvo que esperar la idea para llevarse a cabo debido a que yo me iba un año de erasmus y varios jugadores tenían compromisos con otros clubes.


Recuerdo aquel día durante las vacaciones de Navidad en el que me reuní con Javi para que me contara los avances del proyecto. Había hecho más de lo que esperaba, y pensé que yo no habría sabido ni por dónde empezar…


Hacía ya dos años que habíamos traído de vuelta las 24 horas de fútbol sala en Titaguas tras 6 temporadas de parón, y era el momento. Me dijo: tienes que ser tú el que lidere esto. Tenía muchas dudas de que fuera a conseguirlo, pero solo pensar en representar al pueblo en un campo me ponía la piel de gallina…
Lo primero para crear un club es crear la junta directiva, la cual debe constar de 3 personas mínimo (presidente, vicepresidente y secretario). Hugo y Rubén sintieron lo mismo que yo con el proyecto y no dudaron en unirse. Que empiece la burocracia.


A continuación debíamos presentar las actas de renovación de la comisión deportiva de los años 2005, 2009, 2013 y 2017 y presentar los estatutos de la entidad (el club tuvo un equipo femenino desde 1994 a 2001, pero tras tantos años de inactividad fue parecido a crearlo de cero). Tuvimos dificultades para presentar estos documentos, por lo que acudimos al registro de entidades. Varias veces tuvimos que volver para conseguir saber cómo había que proceder, pero finalmente supimos que debíamos buscar un notario que nos firmara un acta de manifestaciones, debido a la falta de celebración de las juntas directivas presentadas en los últimos 24 años.


Aquí es donde entraron en escena por primera vez los jugadores. Envié un mensaje a todas las personas del pueblo que podían estar interesadas en formar parte del equipo, y un total de 13 personas (finalmente fueron 16 fichas) aceptaron inicialmente y pagamos al notario entre todos. Ese fue el primer acto que realizamos como equipo, y mira que estábamos lejos de la pista… Por fin existía el club, sólo había que darle forma.


Siguiente paso: contactar con la federación para que nos informaran de los procedimientos para inscribirnos (el 31 de julio ya estábamos inscritos en segunda regional) y los trámites necesarios para la homologación del campo, que se demoró un poco más, pero gracias al Ayuntamiento, que asumió todos los costes para pintar la pista, pudimos jugar el segundo partido de liga en casa (primero de liga como locales).
Y aquí es donde llegó el mayor problema que tuvimos en todo el proceso. La Federación Valenciana de fútbol exige que haya una ficha de entrenador para poder aprobar las licencias de los jugadores. Y encontrar un entrenador para un equipo de un pueblo de 500 personas a 88 km de Valencia no iba a ser fácil… A dos semanas de empezar la liga no lo teníamos y el proyecto estuvo a punto de caerse… Buscamos en bolsas de entrenadores. Nada. Preguntamos a personas de pueblos de alrededor que tuvieran licencia. Nada. No valía poner a cualquier persona sin carné de entrenador… No teníamos nada. Un año entero trabajando para crear el equipo y cuando ya estaba prácticamente todo hecho se iba a quedar sin hacer…


Sonó el teléfono: “Lucas, no podéis permitir que no salga adelante el proyecto habiendo llegado a este punto. Si no sale este año no saldrá nunca.” Palabras tan duras como reales. Jaime recibió el mensaje para unirse al equipo como jugador en su día, pero jugaba en categoría preferente y tenía intención de aguantar un año más ahí, aunque desde el primer momento estuvo en el grupo, ayudó a pagar el notario y apoyó al proyecto en todo momento. Su reciente paternidad y una liga en la que tenía que hacer desplazamientos demasiado largos le convencieron de que tenía que salvar al equipo: “Dame dos días para comunicarlo y, si os parezco buena opción, tenéis entrenador”. De no tener entrenador a tener uno que se crió en el pueblo y que siente los colores más que nadie, y así lo palpó en la carta de presentación que nos mandó: “Vais a cumplir un sueño que yo no pude tener”.


Ahora sí. Ya estaba todo, solo quedaba que rodara el balón.
El pueblo se volcó completamente con el equipo. Casi 200 socios, 60 personas al menos apoyándonos en todos los campos de Valencia y en el nuestro, y una causa por la que luchar juntos. Podemos decir con orgullo que somos uno de los municipios más pequeños de España en tener equipo de fútbol sala federado y eso hace muy grande al pueblo de Titaguas.


Ha sido un primer año de ensueño, en el que se ha mejorado mucho en todos los aspectos, tanto futbolísticos como de gestión del club. La mayoría de jugadores venían de jugar a fútbol 11, por lo que el fútbol sala era totalmente nuevo para ellos. Esto hace que el margen de mejora sea muy amplio. Y la junta directiva ha incorporado a más personas, con gente madura y profesional con una mirada al club como entidad, y no como un equipo de amigos, que era la visión que teníamos los fundadores del club, ya que lo único que queríamos era jugar sin mirar más allá.


Sabemos también que el primer año, cuando es novedad, todo es muy bonito y la gente está muy pendiente de seguir y respaldar al equipo. Pero es nuestra responsabilidad mantener esas ganas en nuestra afición con esfuerzo y trabajo para que sigan apoyándonos.


Lucas Sánchez Polo